Un perro verde

Había una vez un perro verde.
Se le veía desde la cocina de donde no me podía mover.
Yo era un grifo que administraba agua en casa de una familia de ricos.
Ellos no tomaban agua del grifo, tomaban Font des Teix o Vichy Catalán
y yo solo daba agua para lavar los platos y para dar a beber al perro.
Cuando el perro verde dormía se le movían los ojos porque estaba soñando.
Soñaba que le dejaban libre en un prado y que podía ir a cazar
como en los cuadros de Goya,
y que había un amo que le amaba y que apreciaba su compañía.
Yo siempre deseaba que llegara el sábado porque era el día de la limpieza,
venía la quely desde Felanitx y llenaba la cocina de canto y olor a lejía
Y antes de irse miraba la cocina como un pintor mira su recién terminada obra y daba el último toque dejándome a mí siempre brillando
Notaba yo que cambiaba la mirada del perro los sábados por la tarde,
se había dejado un olor a flor en la cocina y los dos estábamos muy soñadores...

Cuento de Mia Larsson